400. La Iglesia del Nazareno reconoce e insiste en que a todos los creyentes se les ha encomendado una dispensación del evangelio que deben ministrar a todos los seres humanos. También reconocemos y sostenemos que Jesucristo, la Cabeza de la iglesia, llama a algunos hombres y mujeres a dedicarse a la obra más oficial y pública del ministerio. Como el Señor llamó a los que Él quiso, y escogió y ordenó a sus 12 apóstoles “para que estuvieran con él, para enviarlos a predicar” (Marcos 3:14), así todavía llama y envía a mensajeros del evangelio. La iglesia, iluminada por el Espíritu Santo, reconocerá el llamamiento del Señor. La iglesia también reconoce, sobre la base de las Escrituras y la experiencia, que Dios llama a algunas personas a dedicar su vida al ministerio, aun cuando no dan testimonio de un llamamiento específico a predicar. Cuando la iglesia descubra un llamamiento divino, deberá tomar los pasos debidos para su reconocimiento y respaldo, y darle al candidato la ayuda apropiada para abrirle el camino de entrada al ministerio.
401. La perpetuidad y eficacia de la Iglesia del Nazareno dependen en gran parte de las cualidades espirituales, el carácter y la manera de vivir de sus ministros. (433.14)
1. El Comité de Redacción del Manual, en reconocimiento de la validez de las palabras iniciales del párrafo 400, ha tratado de usar lenguaje que refleje esta distinción. Sin embargo, debido a la naturaleza de esta sección del Manual, los términos “ministro” o “el ministro” por lo general se refieren a una persona con credenciales, ya sea licenciada, ordenada o comisionada.
401.1. El ministro de Cristo debe ser ejemplo en todo a su grey —en puntualidad, en discreción, en diligencia, en sinceridad; “en pureza, en conocimiento, en tolerancia, en bondad, en el Espíritu Santo, en amor sincero; en palabra de verdad, en poder de Dios y con armas de justicia a diestra y a siniestra” (2 Corintios 6:6-7).
401.2. Es menester que el ministro del evangelio en la Iglesia del Nazareno tenga paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo, y que haya sido enteramente santificado por el bautismo con el Espíritu Santo. Debe sentir profundamente que las almas por las cuales Cristo murió, perecen y que él es llamado por Dios para proclamarles o darles a conocer las buenas nuevas de la salvación.
401.3. Además, el ministro debe sentir profundamente la necesidad de que los creyentes sigan adelante a la perfección y que desarrollen las virtudes cristianas en la vida práctica, para que su “amor abunde aún más y más en conocimiento y en toda comprensión” (Filipenses 1:9). El que desea ministrar en la Iglesia del Nazareno debe tener un profundo aprecio tanto por la salvación como por la ética cristiana.
401.4. El ministro debe tener tanto dones como virtudes para la obra. Debe tener sed de conocimiento, especialmente de la Palabra de Dios; criterio sano, buen entendimiento, y conceptos claros acerca del plan de redención y salvación como lo revelan las Sagradas Escrituras. Los santos serán edificados y los pecadores convertidos por su ministerio. Además, el ministro del evangelio en la Iglesia del Nazareno debe ser un ejemplo en la oración.
401.5. El ministro debe responder a oportunidades de servir como mentor a futuros ministros y de cultivar el llamado al ministerio en aquellos que tienen evidentes dones y gracias para el ministerio o que escuchan el llamado de Dios al ministerio cristiano.